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La revisión salarial y el agotamiento de un modelo sindical

En los últimos treinta días se ha venido desarrollando la revisión de la paritaria nacional de las y los docentes universitarios. El reclamo fue claro: 35% de aumento a octubre, 45% a fin de año y cláusulas de revisión, para no perder poder adquisitivo del salario. En ese marco, el Ministerio de Educación ha presentado una última oferta que está siendo valorada en todos los sindicatos de base del país.

Desde el horizonte -compartido por el Ministerio de Educación, las Federaciones docentes, las asociaciones de base y el conjunto de la docencia- de «ganarle a la inflación», existen argumentos sólidos para defender el porcentaje final del 47% de aumento, aunque no así para aceptar los tiempos en que se distribuyen los tramos de esta recomposición. Y así lo definió el Plenario de Secretarias y secretarios generales de la federación.

Entre el impacto de la inflación y el retraso salarial que ya lleva varios años, las cuentas no resultan claras y en muchas ocasiones conducen a la aceptación o rechazo de la propuesta sobre la base del cansancio, la necesidad de contar con un incremento urgente o la escasa expectativa en el poder de negociación sindical.

Como si la complejidad de una negociación extendida en el tiempo en contextos de alta inflación, una economía apuntando inicios de reactivación y en un marco electoral no fuera suficiente, la Conducción de CONADU se aleja, una y otra vez, de los mandatos de sus Asociaciones de Base y los acuerdos que se alcanzan en los Plenarios de Secretarias y Secretarios Generales. Autopercibiéndose intérpretes de sus bases, algunos dirigentes de la Federación anticipan las decisiones colectivas y avanzan en acuerdos que solo se sostienen con prácticas autoritarias mediante las que intentan disciplinar al conjunto, profundizando de este modo la distancia abismal entre el elenco de negociadores/firmantes y las y los docentes de a pie.

Sólo así puede entenderse que se reciban sin comentarios propuestas que se alejan de los acuerdos de los sindicatos. Solo así es posible que se acepten, sin reparos,  sumas no remunerativas  que distorsionan nuestro nomenclador y  que anticipan futuras pérdidas salariales y el desfinanciamiento de jubilaciones y obras sociales.

Si con un enorme monto de dinero como el que el Gobierno pone en juego, la oferta no mejora sustantivamente, es porque no hay claridad en la dirigencia sindical acerca de las necesidades de las y los docentes ni existe un horizonte que oriente la acción.

Es necesario continuar discutiendo en la mesa paritaria nacional, y apuntar a una forma de negociación que nos permita avanzar cada año en la conquista de más derechos y nos coloque en el camino de una recomposición salarial.
Lo que está ocurriendo en esta paritaria es una muestra más del agotamiento de un modelo de conducción sindical en nuestra Federación que ya no es capaz de representar y movilizar a las bases docentes. Necesitamos avanzar en la renovación de la conducción de la CONADU. Necesitamos elecciones para recuperar su mejor historia como organización sindical y construir una Federación democrática, participativa, federal y feminista.

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